‘Las Mujeres Olivo’, nuevo proyecto gráfico de Angie del Riego expuesto en Cazorla

  • La exposición podrá ser visitada desde el 12 hasta el 21 de agosto en la sala de El sombrero verde en la plaza de Santa María

Angie del Riego, artista de la República Dominicana y afincada en Extremadura que tiene la maravillosa habilidad de combinar arte, música y poesía, trae una muestra muy especial e inspirada en la naturaleza, que representa las mágicas figuras femeninas que habitan dentro de estos milenarios árboles. ‘Las Mujeres Olivo’, podrá ser visitada en Cazorla desde el 12, que se inaugura la muestra con un concierto de la artista, hasta el 21 de agosto en la sala de El Sombrero Verde.

La artista lleva años caminando y contemplando los olivares de su tierra, quedando fascinada con esos troncos creciendo en giros escarpados y orgánicos, dando diversas vueltas de continuo movimiento y ocultando bajo su corteza un fondo antiguo que se remonta cientos de años. “Cuando una se aproxima a uno de estos magníficos y emblemáticos arboles, es cuando verdaderamente aprecia esa singular individualidad: ni un solo olivo se parece al siguiente. Es entonces cuando se inspira, comienza a practicar el dibujo gestual de este movimiento y empieza a ver formas de mujeres elegantes, sofisticadas y un tanto míticas”, ha manifestado en un comunicado.

Las ‘Mujeres Olivo’ cobran vida en sus dibujos para expresar la alegría de la libertad que se encuentra en ser mujer y aceptar las complejidades, el poder de la sexualidad, el don de la maternidad y el significado filosófico de las mujeres como productoras y reproductoras de vida. Siente así la autora que “las mujeres son muy parecidas a los olivos, existiendo desde el principio de los tiempos, siendo las mismas de muchas maneras, adaptándose a nuevas formas y volteando el mundo en torno a capa y espada”.

El concepto fundamental de la serie se puede comprender si bucemos en la poesía que acompaña a la exposición, como el siguiente extracto de un poema de la artista: "Llegué a aquel lugar y me senté debajo de un olivo. En el frío, lejos de todo, con el propósito de dibujar y fue entonces cuando las vi, adentro del viejo, arrugado, robusto, podrido tronco marrón de un enorme olivo, cubierto de musgo verde y olvidado con el paso del tiempo…”