La Zaranda siempre vivirá en Cazorla

Un momento de la representación en el Teatro de la Merced en Cazorla. /J. L. GONZÁLEZ
Un momento de la representación en el Teatro de la Merced en Cazorla. / J. L. GONZÁLEZ

Trajo por fin 'Ahora todo es noche', alegato de los desheredados de la vida y del teatro

JOSÉ LUIS GONZÁLEZCAZORLA

Se puede decir más alto, pero no más claro. Para quien lo quiera entender, claro. La Zaranda puso por fin sobre el escenario del Teatro de la Merced su 'Ahora todo es noche', un texto incisivo y reivindicativo escrito, como es habitual para esta compañía, por Eusebio Calonge. A la 'manera Zaranda' no dejaron títere con cabeza con esta obra a primera vista social pero con una carga de profundidad extraordinaria en defensa de la cultura y el teatro, pero también contra la mediocridad, la injusticia y la burocracia. No se llenó La Merced ni, al final, el público aplaudió puesto en pie. ¿Hay de qué preocuparse? Veremos.

Porque Francisco Sánchez, Gaspar Campuzano y Enrique Bustos quizás fueron más ellos que nunca, aun ataviados con harapos de mendigo. Exprimieron sobre el escenario toda su tristeza, su desesperación ante la injusticia y la mediocridad, y también -por qué no decirlo- su rencor hacia quienes les maltratan. Todo ello lo verbalizan incluso con varios paréntesis en los que hablan directamente al público sin el tamiz del personaje; es el actor el que se dirige al patio de butacas mirando a los ojos del espectador.

Homenaje

Pero también hay un claro homenaje al teatro, a Shakespeare y a su Rey Lear. El final resulta apoteósico con la coronación del Rey de las Alcantarillas. Tres desheredados, al fin, son conscientes de su realidad: «reinaremos sobre nuestros piojos, sobre nuestra hambre y sobre nuestro frío». Ese final es producto del bocado de una rata a uno de los mendigos mientras rebuscaba en un contenedor de basura. Un hecho al que sucede la rabia de la que es contagiado y los delirios que esta le produce. «La rabia hará más grande nuestro fracaso» es la frase que resume el conjunto de alegorías que enriquecen cada minuto de este montaje.

En cuanto a la escenografía, más Zaranda. La cámara negra acoge los elementos más básicos que rodean en nuestro imaginario a cualquier mendigo, y sirven para construir cada una de las escenas. Un carro de la compra también es un asiento del aeropuerto o la boca de una alcantarilla; y un cubo de basura puede servir de púlpito o de cañón. Y del vestuario hay que destacar sobre todo la escena de las corbatas. Un carrusel de esta prenda de vestir sale de uno de los personajes para que estos elijan entre decenas de ellas con cual pedir limosna -sin dar lástima, ojo-. Al cabo, las están seleccionando en función de su diseño y que, casualmente, se identifica con cada uno de los estilos con los que han etiquetado a la propia Zaranda: barrocos, prebarrocos, postbarrocos, preexpresionistas, postdramáticos, aburridos, ininteligibles... Se dejaron en el tintero el diseño de corbata que en verdad les define: son una obra de arte.

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