La Cueva del Agua de Quesada, un paraje de ensueño

La Cueva del Agua de Quesada, un paraje de ensueño
  • Este paisaje enclavado en el término municipal de Quesada está en proceso de declaración de Monumento Natural

Si ya conoces Covadonga y después descubres este paraje, quedarás asombrado de los paralelismos estéticos, místicos e históricos entre éste y un lugar del Valle de Cangas, donde se dice que Don Pelayo inició la guerra contra los musulmanes, y que, en aquellos tiempos, se conocía como Cueva Dominica. Hay quienes consideran este sobrecogedor espacio como la Covadonga Andaluza y, según la tradición, aquí se apareció la Virgen de Tíscar, imagen enaltecida tras la caída de la fortaleza árabe en el siglo XIV. El edificio es menos majestuoso que el asturiano, pero la cueva es sagrada…

El enclave debió ser sacro ya desde tiempos remotos. La tradición habla de una aparición en la Cueva del Agua, que en realidad es un cañón cerrado y esculpido por el Arroyo de Tíscar. Dicha tradición también cuenta que ya se veneraba en tiempos en que los árabes mantenían una plaza que consideraban inexpugnable, justo encima de la gruta. Sobre la planta principal de la fortaleza mora, se erigió la actual morada de Nuestra Señora, que data de los siglos XV ó XVI, con posteriores remodelaciones.

Frente a la entrada a la ermita hay una fuente con un poema de Antonio Machado, dedicado a la patrona de Quesada. Del antiguo fortín queda la majestuosa torre del homenaje, con el escudo de armas de Pedro I (s. XI) incrustado en el sillarejo y el recinto amurallado del patio de armas, cabalgando sobre un colladillo difícilmente accesible de Peña Negra, una espectacular pared vertical, frecuentada por las cabras monteses, buitres y águilas. Se puede subir hasta él, desde el santuario, por una escalinata metálica.

A este enclave natural se puede acceder por un carril asfaltado que parte desde la misma A-6206, a unos 300 metros del santuario, por donde se accede a unos modestos aparcamientos, desde donde parten unas escaleras que bajan a un estrecho y bajo túnel por donde discurre una acequia que lleva el agua a las huertas tradicionales cercanas. Atravesando la oquedad artificial, el camino ofrece varias alternativas para visitar este lugar mágico. Aquí, sobre una pequeña oquedad en la pared de la cueva, hay una pequeña réplica de la Virgen, donde los lugareños devotos, considerando que esa es su primera y verdadera morada, depositan sus ofrendas.

Toda esta historia y belleza del entorno han sido suficientes para que las administraciones públicas hayan puesto en marcha el expediente para la declaración de este enclave como Monumento Natural.

Los monumentos naturales son espacios o elementos de la naturaleza constituidos básicamente por formaciones de notoria singularidad, rareza o belleza, que merecen ser objeto de protección especial, según explica la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio en su web.

Se pueden considerar también con esta distinción las formaciones geológicas, los yacimientos paleontológicos y demás elementos de la gea que reúnan un interés especial por la singularidad o importancia de sus valores científicos, culturales o paisajísticos.

De este modo, pueden ser geológicos, bióticos, geográficos, ecoculturales y mixtos, de acuerdo con los criterios establecidos en el artículo 4 del Decreto 225/1999, en el que también se establecen las normas y directrices de ordenación y gestión de cada uno de ellos.