La Tragantía se eleva sobre Cazorla

Arimux encandilaron al público en las ruinas de Santa María./
Arimux encandilaron al público en las ruinas de Santa María.

Hubo desde un pasaje del terror, dirigido por Christian Magic, hasta le recreación de la 'bicha' de Clara Sanchís, ya durante la madrugada. Un manto de magia y misterio cubrió la localidad de la sierra en su noche más brillante

JOSÉ LUIS GONZÁLEZCAZORLA

Cazorla vivió la XIX 'Noche de la Tragantía' como una de sus ediciones más brillantes. 600 personas ataviadas con las preceptivas camisetas blancas, y muchas otras que se añadieron a la comitiva, cubrieron el recorrido y marcaron un nuevo récord de participación en este evento. Por su parte, las seis compañías participantes dejaron el listón muy alto con espectáculos llenos de luz, magia, misterio y, por qué no decirlo, una considerable calidad artística. Durante las casi nueve horas que duró el recorrido, hubo lugar para el teatro, la música o el circo en un ambiente entre íntimo y callejero tan inherente a este peculiar homenaje al mito cazorleño.

Todo comenzó a primera hora de la calurosa tarde en el Teatro de la Merced. Allí esperaba el pasaje del terror dirigido por el artista local Christian Magic. Como siempre, no defraudó a nadie. Con más de una decena de personajes y una escenografía dominada por las sorpresas, sus intrincados pasillos unían diversas mazmorras donde moraban personajes siniestros. Entre ellos, como no podría ser de otro modo, dominaba la Tragantía, una mujer-serpiente amenazante y de grandes dimensiones que parecía dominar toda la escena. El público fue pasando en pequeños grupos durante cuatro intensas horas. Ya a las 10 de la noche se citó a la multitud a la entrada del Parque del Cristo. Desde allí partiría el pasacalles de Yera Teatro, un paso más en la evolución de esta compañía granadina liderada por otro cazorleño, Ramón Galera. Si en otras ocasiones ha dominado la luz y el color, este espectáculo bebe directamente de las artes circenses y la danza callejera. No faltan los zancos y los fuegos artificiales, pero es muy llamativo el despliegue de acrobacias y contorsiones de un grupo de artistas ya muy experimentado.

Espectáculos de calidad

Ya en la corredera, el actor Rodrigo Poisón quiso regalar al público un monólogo en el que desgranaba la historia de la Tragantía. Como si de un juglar se tratara y con ropajes de soldado cristiano, desplegó su perfecta dicción y una gestualidad a la medida para intentar meterse al público en el bolsillo. Tarea difícil ante tanta gente y en un lugar demasiado abierto y ruidoso. El torrente humano se desplazó después hasta el recientemente renovado Balcón de Zabaleta, estrenando sus nuevas dimensiones con la música penetrante de Amy Scott-Samuel y Frans Dekkers, extraordinarias voz y cuerda para endulzar el camino hacia la morada del monstruo.

Antes, en las Ruinas de Santa María, esperaba Arymux, compañía vasca que a buen seguro quedará en el recuerdo del histórico recinto. Allí desgranó una suerte de fusión entre la música y el lenguaje de signos que, sin duda, tocó la fibra sensible de todo el público. Entre otros temas, interpretaron 'Volver', de Estrella Morente, y 'Esos locos bajitos', de Serrat de un modo sublime, bailando y traduciendo las letras a lenguaje de signos. Las intérpretes, tan pronto parecían introducirse en el baile flamenco como en la danza urbana o contemporánea. Ello, además, introduciendo hermosos textos que evocaban el más elevado humanismo.

Para finalizar la noche, ya en la morada de la Tragantía -el Castillo de la Yedra-, llegaba el espectáculo preparado para la ocasión por la compañía de Clara Sanchís. A las puertas de la fortaleza y bajo su alta torre, la actriz turolense, sorprendió a propios y extraños con una mirada al mito totalmente distinta a la acostumbrada. Apareció una Tragantía ataviada con un largo vestido verde, moderna, preocupada por los problemas sociales y francamente despreocupada por su perfil más monstruoso. Feminista y con un profundo deseo de libertad se preguntó por lo absurdo de su cautiverio y, por fin, tuvo la oportunidad de expresar en voz alta sus verdaderos anhelos. Ella hubiese querido ser actriz, cantante o bailarina. Conste que «como niños porque así lo manda la leyenda, pero que a mí no me gustan, me dan miedo», se atrevió a confesar. Simplemente, genial.